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GESTIÓN DE LAS EXPECTATIVAS: La variable clave para la salud mental

Monday August 26th, 2019

(por María Zubia, psicóloga)

            Expectativa… Esta palabra tan utilizada, tan escuchada y tan poderosa que puede ser capaz tanto de fomentar la motivación, la ambición y la necesidad de logro de le persona, como de destruir la confianza y el autoconcepto de la misma. Para ser más precisos,  se conoce como expectativa (palabra derivada del latín expectātum, que se traduce como “mirado” o “visto”) a la esperanza, sueño o ilusión de realizar o cumplir un determinado propósito. La gestión de las expectativas es de vital importancia para el corredor, el preparador físico, el entrenador o el propio equipo.

Quisiera mostrar este concepto con un ejemplo muy simple  que ilustra a la perfección un tema por desgracia recurrente. Imagina dos hermanos gemelos que quieren empezar a entrenar, parten del mismo estado de forma física, misma habilidad, mismos peso etc. Ambos comparten el mismo objetivo: bajar peso y que su IMC sea el óptimo para poder rendir al máximo. Iré a los extremos con los valores para que entienda el ejemplo. La diferencia reside en que uno de ellos espera perder 10Kg en 3 meses, el otro 20. Pasado ese tiempo, ambos han perdido 15Kg. El primero tiene sensación de éxito y está motivado, el segundo tiene sensación de fracaso y está frustrado. El primero continua realizando actividad física puesto que considera que compensa el resultado para el tiempo y esfuerzo invertido, el segundo, por el contrario, abandona al tener la sensación opuesta. El primero sigue mejorando pasados los años, el segundo recupera el peso perdido y poco a poco va acumulando. Pasados 5 años, el primero ha perdido 25Kg, el otro ha ganado 10. Hay una diferencia de 35Kg, por no hablar de la fuerza y movilidad, y la consecuente habilidad para tratar con su propio cuerpo. El encuentro ha hecho que el segundo observe qué podría haber conseguido, aunque llega 5 años más viejo, y en peor estado de forma de lo que estaba. Tiene suerte, pues alguien le muestra la versión de sí mismo que podría llegar a alcanzar. La mayoría no tiene esta suerte. Todo empezó por una mala gestión de las expectativas.

El objetivo de todo plan de entrenamiento o actividad física es inculcar hábitos saludables que mejoren la esperanza y calidad de vida de aquellos que lo practiquen. Estos hábitos solo son válidos si los vamos a poder mantener en el tiempo puesto que, en el momento en que desaparece el estímulo, desaparecen los resultados y beneficios. Por la misma razón, si cambia el estímulo (naturaleza del ejercicio), también cambiarán los resultados y beneficios. Las expectativas determinan la sensación de éxito y fracaso y, por tanto, también la sostenibilidad de un programa de entrenamiento.

Una expectativas incorrectas o poco saludables indudablemente derivarán tarde o temprano, según el tesón de la persona, en la sensación de fracaso lo que en la mayoría de casos provoca el abandono del plan de entrenamiento y la pérdida de todos los beneficios obtenidos. Por el contrario, una expectativas saludables, permiten la sostenibilidad durante décadas, cuando no para toda la vida en tanto en cuanto consiguen que tengamos la sensación de que compensa el esfuerzo y tiempo invertido para los resultados o beneficios obtenidos. Dicha relación depende directamente de las expectativas.

El entrenador nunca debe caer en el error de, en un intento por ayudar a su corredor, hinchar las expectativas, generar expectativas incorrectas o aceptar las expectativas del corredor si éstas no son adecuadas o saludables. Básicamente solo le acarreará frustración.

Expectativas saludables versus no saludables

1.- Las expectativas saludables son REALISTAS.

Parten del conocimiento previo, de lo que ya hemos tenido en algún momento de nuestra vida y sabemos, por tanto, que se puede conseguir.  La experiencia debe ayudarnos a encaminarnos hacia objetivos que consideremos al alcance de nuestras posibilidades.

Debemos entender que los resultados dependen de variables que podemos controlar y otras que no. Desde nuestro panel de control podemos controlar el plan de entrenamiento, estilo de vida y alimentación pero no podemos controlar el potencial que tenemos cada uno de nosotros para obtener un determinado resultado. Las expectativas que para uno son realistas pueden no serlo para otro. Incluso ante misma edad, salud y experiencia previa, las respuestas cuando se someten a varios individuos a un mismo plan de entrenamiento son tremendamente dispares.

2.- Las expectativas saludables son FLEXIBLES.

Es importante tener en cuenta que un plan de entrenamiento a largo plazo puede albergar complicaciones eventuales. Podemos caer lesionados por un exceso de ímpetu, por una caída, pinchazos,  o por problemas personales. Puede que incluso surjan complicaciones que nos haga abandonar la Vuelta. Algo así nunca puede generar frustración. Siempre debe haber una pequeña cuota de fracaso asumible en caso de no poder llevar a cabo aquello que teníamos planificado.

Debemos asumir que en ocasiones el entrenamiento no aportará los resultados deseados. Las grandes aspiraciones ayudan a mantener la motivación pero un exceso de rigidez puede derivar en frustración y esta a su vez en los que se llama síndrome de “Burn out”, del que ya hablamos en artículos anteriores. Si el objetivo es mantener el estímulo y sus beneficios para el resto de nuestra vida, el burn out o síndrome de desgaste psicológico es el mayor enemigo. Una pequeña lesión (si hemos entrenado correctamente) sanará en la mayoría de ocasiones tarde o temprano pero con este síndrome no sabemos el tiempo que tendrá que pasar para volver a recomponer la motivación necesaria. En la mayoría de casos, cuando por fin se recupera, la mayoría de beneficios se han perdido y, según la edad, es posible que ya no se pueda volver al estado de forma previo.

3.- Las expectativas saludables FOMENTAN LA FELICIDAD.

En ocasiones es posible que para obtener un beneficio mayor debamos sacrificar algo de tiempo, dinero o esfuerzo. Solo la lluvia cae gratis del cielo y no siempre que queremos o lo necesitamos. No obstante, debemos tener la seguridad de que la inversión de tiempo y esfuerzo, cuando lo pongamos en la balanza, acabará aportando más felicidad de la que limitará.

La inversión de tiempo y esfuerzo necesario para cumplir con las expectativas que uno mismo se impone deben tener en cuenta sus necesidades básicas y las de los suyos. Las expectativas saludables deben permitir a cada individuo cumplir a su vez con sus deseos emocionales, sociales, intelectuales, sexuales y recreativos. No deben disminuirle, mermarle o hacerle sentir agotado mediante el sacrificio. Si es así, las expectativas autoimpuestas no serán sostenibles puesto que son incompatibles con la vida. Acabarán generando frustración y el consecuente abandono del plan de ejercicio junto con todos los efectos positivos que hayamos podido obtener a cambio.

4.- Las expectativas saludables MEJORAN LA AUTOESTIMA.

Una expectativa no alcanzada que disminuye la autoestima solo puede ser debido a que el objetivo era poco realista. Poco realista en función del potencial de cada persona, o de cualquiera de la razones descritas anteriormente, es decir, plazo inadecuado, falta de flexibilidad, incompatible con la vida o la felicidad. Las expectativas saludables, cuando no se cumple, no afecta a la autoestima sino que aporta la experiencia suficiente para saber qué podemos esperar, lo que nos ayuda a establecer expectativas realistas.

Una persona que no tenga en cuenta estos valores posiblemente obtenga resultados más rápidos pero también tendrá un mayor riesgo de encontrarse con algo que le obligue a parar, ya sea una lesión, enfermedad o burn out. Por el contrario, quien tenga una relación saludable con la actividad física,  posiblemente necesite algo más de tiempo para obtener los mismos resultados que el primero pero, a cambio, los mantendrá para el resto de su vida. Recuerda que unas expectativas demasiado altas generan tensión, rigidez, lesiones, malestar, frustración. Por contra, si tus expectativas son demasiado bajas o poco exigentes producirán apatía, aburrimiento y desmotivación. Se realista contigo mismo y márcate unas expectativas reales aptas a tu condición física y acordes a tu estilo de vida. Han de ser  alcanzables, realistas y medibles, sino, como decía antes puedes caer en la frustración. Recuerda: que sea difícil no significa que sea imposible.

Foto: www.bettiniphoto.net