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La diferencia entre “el bueno” y “el mejor”: La determinación

25 de septiembre de 2018

(Por María Zubia del Barrio, psicóloga)

Cada vez que charlo con deportistas de cualquier modalidad, tanto si son ciclistas, tenistas, nadadores, etc. y me dicen que desean potenciar el control de su mente, me viene a la cabeza la imagen del ciclista en el momento previo de salir en una contrarreloj, con la mirada perdida en el horizonte visualizando, relajando sus músculos e intentando concentrarse al máximo para mantener la calma. Es de suma importancia no dejarse llevar por las emociones que suscita la prueba y aprender a gestionarlas. Pero la teoría siempre es mucho más fácil que la práctica.

Como ya he comentado en artículos anteriores, en muchas ocasiones cuando llega el momento clave de la competición, las dudas, las inseguridades, las presiones, el “miedo a caerse” hace que la confianza del deportista se tambalee, lo que hace que la actuación final no sea la óptima. Este proceso hace que la persona entre en un círculo vicioso del que le cuesta salir (“como no tengo confianza en mí mismo no rindo bien, y como veo que no rindo bien no tengo confianza”).

En el presente artículo quería compartir con vosotros un concepto crucial en el deporte y que influye enormemente en el rendimiento del deportista. Me estoy refiriendo a la Determinación.

¿A qué se debe que dos ciclistas de idéntica capacidad física (el mismo porcentaje de fibra muscular de contracción rápida y lenta, tiempo de reacción, misma altura, mismo peso…) muestren tantas diferencias a la hora de una etapa? Ambos dominan la bici a la perfección, poseen una técnica y una biomecánica pulida y consolidada y en teoría deberían actuar de manera muy similar por no decir igual. La respuesta está en la Determinación; es decir, en esa capacidad de “ir a por todas” pase lo que pase, “ir a morir” y cueste lo que cueste. Para desarrollar y potenciar esta habilidad psicológica tan poderosa tanto en el ámbito del deporte como en la vida en general, es necesario tener en cuenta dos requisitos básicos: son el compromiso y la concentración. Ambas herramientas son claves para alcanzar la excelencia.

Para sacar lo mejor de ti mismo y acercarte a tu máximo potencial, en primer lugar debes estar muy comprometido con ello, y también has de desarrollar al máximo tu capacidad de concentración, tan necesaria para actuar por encima de tus posibilidades en condiciones estresantes de diversa índole.

Por supuesto que todo ello implica poseer un elevado control de los propios pensamientos, que como ya hemos visto anteriormente, somos lo que creemos que somos. Si pensamos que somos muy mediocres realizando descensos, seguramente que nuestras bajadas serán mediocres. Si realmente creemos que podemos hacer un buen descenso, creerme que bajaréis mucho mejor. Por tanto, piensa bien lo que piensas porque terminará haciéndose realidad y después actúa con determinación, con decisión, con el piloto automático puesto.

Me vienen a la memoria diversas situaciones en el caso del ciclismo donde la determinación es la piedra angular del éxito, He trabajado con multitud de corredores cuya principal preocupación es la de “no caerse en determinado punto de una bajada” o “da una complicada curva de una determinada manera”. Esta situación se repite una y
otra vez en deportes en los que la toma de decisión ha de ser inmediata. La rutina está clara: conocen a la perfección la carrera, visualizan el movimiento y la técnica, se relajan o se activan….y cuando llega el momento de realizar la bajada o dar la curva, algo pasa por su mente y no son capaces de hacerlo como lo habían visualizado, realizando una ejecución mediocre o bien cayéndose de la bici. ¿Qué ha ocurrido? Han realizado la rutina perfectamente, han visualizado la crono o la curva correctamente, ¡incluso han conseguido relajarse! Pero a última hora les han entrado dudas, miedos, inseguridades….les ha faltado determinación. Yo les digo que en el momento de la salida barajeen todas las opciones que tienen, que sopesen todos los pros y contras de realizar determinada técnica, que analicen las diferentes opciones todo el tiempo que les permite el reglamento. En este momento pueden permitirte el lujo de dudar todo lo que deseen. Pero eso sí, en el momento de salir, cuando deciden que ha llegado el momento de saltar, aquí ya no hay vuelta atrás. Tomen la decisión que tomen, que no la cambien bajo ningún concepto. Pase lo que pase.
La clave está en confiar que es la decisión correcta y si la has escogido es porque en ese momento es la que más te convenía. Y adelante. A veces el éxito no siempre viene por haber tomado la mejor decisión, sino por haberla tomado con determinación. En ocasiones podemos tomar la mejor decisión de todas, pero si la llevamos a cabo con dudas, es posible que no nos salga bien. En cambio, si tomamos una decisión que no es realmente la mejor (sin dejar de ser buena), lo que nos lleva al éxito es realizarla con determinación.

Sin embargo, esto no ocurre únicamente en el deporte. ¿Alguna vez os ha pasado tener que escoger una opción entre varias alternativas y una vez tomada la decisión, habéis vuelto a pensar en las opciones que habéis dejado atrás? Seguro que os suena o conocéis a personas que sí lo hacen. Eso es falta de determinación.

Por otra parte, recuerda que en el momento de decidirte tus pensamientos pueden jugarte una mala pasada, así que pon en marcha esa capacidad de controlarlos y dirigirlos a los que quieres que ocurra (“debo tomar la curva más cerrada”) y no a lo que quieres evitar (“no puedo caerme” “no puedo perder x segundos”…) y sin más rodeos,
simplemente ACTÚA. Eso es determinación.

Lo que ocurre con la determinación es que está muy ligada a la autoconfianza, por lo que son habilidades que conviene trabajarlas a la par para lograr un resultado óptimo. De qué nos sirve “ir a por todas” si en el fondo no creemos en nosotros mismos?

Me viene a la mente una historia de un rey que recibió como obsequio, dos pequeños halcones, y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasando unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente pero que al otro no sabia que le sucedía, no se había movido de la rama donde lo dejo desde el día que llegó. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Al día siguiente por la ventana, el monarca pudo observar, que el ave aun continuaba inmóvil. Entonces decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa, a la persona que hiciera volar al halcón, a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines.

El rey le dijo a su corte, traed al autor de ese milagro. Su corte rápidamente le presento a un campesino. El rey le pregunto; – ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago? Intimidado el campesino le dijo al rey: – Fue fácil mi rey, solo corte la rama, y el halcón voló, se dio cuenta que tenía alas y se lanzó a volar.

Ahí está el quid: que muchas veces nos olvidamos que tenemos las alas para volar. ¿Sabes que tienes alas? ¿Sabes que puedes volar? Vivimos dentro de una zona de comodidad, donde nos movemos y creemos que eso es lo único que existe. Dentro de esa zona, está todo lo que sabemos, y todo lo que creemos. Viven nuestros valores, creencias, nuestros miedos y nuestras limitaciones.

Por lo general, creemos que es nuestra única opción. Tenemos sueños, queremos resultados, buscamos oportunidades, pero no siempre estamos dispuestos a cambiar, a correr riesgo, no siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles.

Cuando estamos dispuestos a correr riesgos, cuando aprendamos a caminar en la cuerda floja, cuando nos creamos que realmente podemos cambiar y actuemos con decisión y determinación, conseguiremos levantar la vara que mide nuestro verdadero potencial.

Recuerda: SÓLO PUEDEN IR A POR MÁS QUIENES SE ATREVEN AL CAMBIO Y ACTÚAN.