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Cuando afloran las emociones

16 de julio de 2018

(Por María Zubia del Barrio, psicóloga)

Todos los mortales sabemos hoy en día lo importantes que son las emociones para desenvolvernos en nuestra vida cotidiana. Está muy en boga el escuchar frases del tipo “no puedo controlar mis emociones”, “cómo puede sentirse tan optimista después del bache que ha pasado”, “no sé lo que siento” o “llega un momento en que me derrumbo”. Para aquellos que desconozcan el apasionante y profundo tema de las emociones, quisiera reflexionar sobre la importancia que tienen éstas en la vida cotidiana general, y en el cicloturismo en particular. ¿Quién no se ha derrumbado psicológicamente en pleno puerto cuando le quedaban apenas unos pocos kilómetros para llegar a meta?, ¿quién no ha sentido nunca cómo la rabia le invade cuando yendo “como pez en el agua” pinchas una rueda, o sufres una fuerte caída o tienes que retirarte por problemas físicos cuando te has estado preparando para esa carrera durante toda la temporada?

El tema que he escogido para esta ocasión es el de las emociones precisamente por su importancia en la conducta cotidiana y en la manera que tenemos de enfrentarnos a los retos, bien sean, deportivos, laborales, o de cualquier índole.

¿Es posible enfrentarse con tranquilidad a un enorme oso que está a punto de atacarnos? A menos que seamos domadores profesionales (y aún siéndolo también lo sienten en ocasiones), sentir miedo es inevitable… ¡y necesario! Hasta hace bien poco tiempo, hemos creído que las emociones eran obstáculos y que el hecho de ser una persona muy “emocional” era algo negativo contra lo que se debía luchar. En la evolución de la sociedad occidental, el surgimiento del progreso, de la técnica, de los derechos humanos ha hecho que prime el razonamiento o la razón frente a la emoción, de tal manera que “tener emociones” esté mal visto. Afortunadamente, esta manera de pensar que arrastramos desde la sociedad victoriana ha cambiado radicalmente, y poco a poco se instaura una posición más equilibrada, donde la razón y emoción van ligadas y tan importante es una como la otra.

Está claro que somos seres emocionales, incluso mucho antes de que el homo fuese sapiens. Las emociones existen hace millones de años simplemente porque han resultado útiles para la supervivencia. Vivir sin ellas es condenarnos a muerte porque no viviríamos para contarlo.

Las emociones funcionan como un acto reflejo involuntario. Las experimentamos cuando sentimos que algo importante nos está sucediendo o puede suceder. Gracias a la reacción emocional, nuestro cuerpo y nuestra mente se preparan automáticamente para responder a esa situación de la mejor manera posible.

Nada más nacer ya venimos al mundo con un bagaje emocional que se va consolidando con el paso de los años y las experiencias. Adquirimos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Cada uno de nosotros experimentamos una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.

Existen 6 categorías básicas de emociones.

MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.

SORPRESA: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.

AVERSIÓN: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.

IRA: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad.

ALEGRÍA: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de bienestar, de seguridad.

TRISTEZA: Pena, soledad, pesimismo.

Si tenemos en cuenta esta finalidad adaptativa de las emociones, podríamos decir que tienen diferentes funciones. El miedo, por ejemplo, tonifica nuestros músculos para correr con más fuerza y enfoca nuestra mente sólo hacia la fuente del peligro o hacia las posibles vías de escape excluyendo todo lo demás. La alegría ante un hecho positivo nos condiciona a intentar repetir esa situación favorable en el futuro. Y la repugnancia nos impide comer alimentos en putrefacción por más que estemos famélicos evitando así una infección.

Las emociones afectan nuestra manera de ver y pensar el mundo.

¿Y sobre la bicicleta en plena marcha? ¿Para qué nos sirve tener miedo ante una bajada de gran pendiente? ¿Para qué sentimos alegría? ¿Y para qué nos sirve ponernos tristes o sentimos pena cuando las cosas no van como nos gustaría?

Está claro que si estamos bajamos un temible puerto a grandes velocidades el hecho de sentir miedo es porque tenemos una tendencia innata de protección y necesitamos cubrirnos a nosotros mismos para sentirnos seguros. Si no lo sintiéramos probablemente hoy no estaríamos ni yo escribiendo estas líneas ni tú leyendo este artículo, porque en alguna bajada, curva peligrosa o carretera estrecha y mal asfaltada, nos la habríamos “jugado” tanto que seguramente no estaríamos aquí.

Como he mencionado antes, el miedo es una emoción básica que antes de que nosotros podamos tomar consciencia de ella, esta emoción ya ha disparado nuestros sistemas automáticos de supervivencia. Por eso a veces primero sentimos miedo y luego conscientemente lo apartamos o pensamos en otra cosa.

¿Y la rabia? ¿Es útil? ¿Cuál es su función? Es otra emoción básica de autodefensa hacia una agresión externa. Por ejemplo, en el caso de los animales y los humanos de la prehistoria era ahuyentar a los enemigos. Hoy en día, esta rabia puede aparecer ante cualquier circunstancia de frustración porque como hemos dicho antes, la emoción esta antes que la razón. Y por esta razón, se vuelven a disparar nuestros mecanismos de protección, lo que implica expresión externa de la tensión, rabia, etc, que nos ha provocado la situación. Acuérdate de la última vez que sentiste rabia en una vuelta… ¿qué sucedió,una caída, un pinchazo? Ahora bien, una vez ha sucedido el percance tenemos que poner en marcha nuestras estrategias reparadoras porque la carrera sigue…

Si no expresas tu rabia te sientes bajo una gran presión. ¿Por qué? Porque encajas las injusticias sin desahogarte. El enfado y la rabia son emociones que te sirven de defensa ante situaciones injustas. En lugar de negarla o callarla, es imprescindible que “atravieses” la rabia, que la sientas y trates de entender qué trata de decirte.

Físicamente tu sentimiento de ira se traduce en una fuerte contracción en la parte posterior del cuello y una expresión facial de asco, o una mandíbula excesivamente rígida. Tu aspecto pesado y toda esa musculatura que comprime tu agresividad te delata. Cuando te des cuenta de ello, aflojarás las nalgas y el cuello por dentro, y te darás permiso para abandonar tanta defensa. Soltarás todas las tensiones del cráneo, de la mandíbula; te reorganizarás físicamente de un modo más distendido…y una vez más suelto, dejarás de estar tenso y recuperarás tu libertad.

La clave está en soltarte. Eso disuelve la tensión y te vuelves más amable, cariñoso…Sin embargo, muchas veces en lugar de tensarte te quejas de forma lastimera. Es una manera de aliviar tu tensión interna, buscas amor pero con una forma de pedirlo indirecta y provocativa que no funciona. Deja de defenderte del mundo, ya no tienes que ser servil. Es imprescindible que aceptes que ya no tiene sentido que luches más. Así te invade la tristeza, pero al fin podrás amar y sentir de verdad. Y aquí comienza el cambio.

Por otro lado, la tristeza es una emoción paralizante que te frena. Del mismo modo que la alegría te agita y te impulsa a la acción, la tristeza te bloquea. Cuando estás triste, es como si la vida no valiese la pena. Pero ¿es cierto ese sentimiento? La respuesta es “depende”; y la buena noticia es que “depende de ti”.

El autocontrol emocional es la capacidad que nos permite controlar a nosotros mismos nuestras emociones y no que estas nos controlen a nosotros, sacándonos la posibilidad de elegir lo que queremos sentir en cada momento de nuestra vida.

Nosotros somos los actores y los protagonistas de nuestra vida ya que de las pequeñas y grandes elecciones depende nuestra existencia; tenemos la importante posibilidad de hacer feliz o no nuestra vida, a pesar de los acontecimientos externos. Y esto es totalmente traspasable al deporte en nuestro caso. Como he dicho anteriormente, lo positivo de todo es que el controlar nuestras emociones depende únicamente de uno mismo. De nada sirve culpar a los demás de las frustraciones y agentes externos que nos dañan, no lo olvides. Esos acontecimientos no son los que manejan nuestra vida, sino nosotros mismos, como sujetos activos manejamos nuestra felicidad dependiendo de la interpretación que hacemos de ellos.

Somos lo que pensamos y si aprendemos a controlar nuestros pensamientos también así podremos controlar nuestras emociones.

Todas las sensaciones llegan precedidas por un pensamiento y sin la función del cerebro no se pueden experimentar sensaciones. Por tanto, si se controlan los pensamientos…y las sensaciones y sentimientos vienen de los pensamientos, entonces ya se es capaz de tener un autocontrol emocional.

Con todo esto, la siguiente vez que tengas una prueba y sientas que las emociones afloran en momentos determinados, no las culpes ni las juzgues, escúchalas, te quieren decir algo. Después, recuerda que tú tienes el poder de controlarlas y manejarlas a tu manera, tú eres el dueño de tus emociones…Si eres capaz de pedalear cientos de kilómetros en condiciones adversas, levantarte sin que apenas haya amanecido para no encontrarte con un calor insufrible al mediodía, de escalar interminables puertos, y superar inoportunas pájaras, ¿no vas a ser capaz de controlarte a ti mismo?